• @claudioberho

La Celebración del Solsticio

La Danza de la Tierra alrededor del Sol

Viajando en esta Madre Tierra por todo el universo, no dejemos de asombrarnos por tantos detalles presentes, aunque visibles al mismo tiempo escondidos para quienes no miran las estrellas.

Y allí está uno de los tantos secretos... recordar esa mirada que nos trae de vuelta al ritmo natural hoy más necesario que nunca, de qué existe un movimiento sutil pero al vez formidable, en el que la luz y la oscuridad danzan continuamente no solo frente a nuestros ojos, sino también en nuestro interior, contrayéndonos y dilatándonos, invitándonos a salir fuera pero también a viajar hacia dentro.

El Solsticio tiene esa magia, llevarnos en el verano hacia fuera, mostrando todas nuestras capacidades, desplegando nuestra fuerza viril en su máximo esplendor, como si fuese nuestro mayor tiempo de madurez, para luego emprender el regreso a la humildad y sabiduría de alguien que ya caminó lo suficiente.

Por otro lado, en la máxima dilatación y en su punto más alejado, el Sol nos enseña a guardar el fuego en nuestro corazón como semilla poderosa, dando un paso consciente desde la vida a la muerte... mostrando que como así la vida termina, también comienza desde un cero con historia y recorrido.

Verano e invierno, luz y oscuridad dos polos opuestos y a su vez complementarios.

Viva entonces la ritualidad y toda tradición que celebra estas fiestas, que educa mostrando los ritmos para dejar descansar, sembrar y cosechar, permitiéndonos no solo visibilizar el movimiento del afuera a través del alimento que es garantía de continuidad, sino también el de nuestro propio cuerpo viajero en la espiral por la gran vida.

Solsticios y equinoccios mostrándose como Faros inequívocos para nuestra humanidad despertando al rito, con pueblos antiguos sosteniendo sus entendimientos del cosmos y desde sus territorios; que sepan les honramos y reconocemos como clave eslabón para nuestra regreso a la armonía.



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